El podólogo y sus funciones

Al hablar del podólogo, nos vienen a la mente los callos y los juanetes. Resulta inevitable asociar estas dolencias a la figura de este profesional de la salud. Sin embargo, la podología engloba mucho más que estas afecciones. Los podólogos con profesionales especializados en el cuidado de los pies, los tobillos y las extremidades inferiores en general. Cuando se sufre o experimenta dolor en los pies o algún tipo de molestia al caminar, lo ideal es acudir al podólogo. La formación con la que cuentan estos profesionales, capacita para realizar el diagnóstico de diversas afecciones relacionadas con esta parte del cuerpo, así como para determinar el tratamiento más adecuado. De manera que se asegura que el paciente pueda caminar y moverse sin sentir dolor.

En definitiva, el podólogo, no solo se ocupa de tratar las dolencias más habituales mencionadas. Juanetes y callosidades son dos de las afecciones más comunes, aunque están plenamente facultados para manejar correctamente otras condiciones de mayor complejidad como pueden ser las fracturas, infecciones o problemas relacionados con la diabetes. Su experiencia permite proporcionar las soluciones más efectivas y personalizadas, haciendo que mejore su calidad de vida.

Podemos decir que la importancia de esta disciplina, radica en la capacidad que tienen para poder identificar problemas subyacentes que, por lo general, pasan desapercibidos. Al abordar estos problemas a tiempo, es posible trabajar en la prevención de complicaciones mayores y poder mantener la salud y el buen estado general de pies y tobillos. Una parte del cuerpo a la que no solemos prestar la atención necesaria. Así mismo, el enfoque no se limita a un tratamiento en particular, se centra en la prevención y el mantenimiento, ofreciendo a sus pacientes los consejos apropiados para cuidar los pies en el día a día.

Funciones y tipos de podología

Como decimos, las funciones del podólogo, no se limitan a limar callos y corregir juanetes. Su campo de trabajo es mayor, debido a su formación especializada en las extremidades inferiores. Para conocer con mayor detalle estas funciones y los tipos de podología a los que podemos acudir, hemos consultado con los especialistas en podología médica y quirúrgica de la Clínica Podológica Oltra, donde nos han hablado de las diferentes áreas de tratamiento.

Lo primero que hace un podólogo, es realizar una evaluación exhaustiva, con la finalidad de determinar si existe o no, algún tipo de problema que afecte a los pies o los tobillos. Este tipo de evaluación, incluye análisis de la marcha, exámenes físicos detallados y, si procede, radiografías o estudios de imagen.

Una de las tareas más habituales que llevan a cabo, son los tratamientos destinados a las afecciones como callosidades, uñas encarnadas, juanetes o verrugas plantares. Además, pueden realizar procedimientos quirúrgicos menores en caso de necesidad. Siendo la cirugía podológica una de las opciones cuando las condiciones del paciente, no responden a los tratamientos convencionales. En estos casos, se obtiene un alivio duradero de las dolencias.

Otra de las funciones de un podólogo, es educar a sus pacientes. Como suelen hacer los dentistas en lo relativo a la salud bucal, los podólogos, proporcionan a sus pacientes consejos sobre el cuidado adecuado de los pies, como pueden ser la elección del calzado adecuado o prácticas que ayudan a prevenir posibles lesiones. Esta información es esencial en aquellos pacientes que padecen afecciones crónicas, como la diabetes, donde los pies, requieren de cuidados especiales para prevenir complicaciones de mayor gravedad.

Como sucede con muchas disciplinas médicas, la podología se divide en diversas especialidades, cada una de las cuales, se centra en unos aspectos particulares del cuidado de los pies. Uno de los tipos más comunes, es la podología deportiva, centrada en el tratamiento y la prevención de las lesiones que se relacionan con la práctica de deporte y actividad física. Los podólogos deportivos son los que se ocupan de trabajar con los atletas, con objeto de que estos mejoren su rendimiento y se minimice el riesgo de sufrir lesiones.

La podología geriátrica es otra de las ramas especializadas de la podología. En este caso, se centra en el cuidado de los pies de las personas de mayor edad. A medida que vamos envejeciendo, los pies requieren una atención especial, debido sobre todo a los problemas de circulación, artritis y osteoporosis, que se presentan a ciertas edades. Los podólogos geriátricos con los más capacitados para el manejo de estas afecciones y proporcionar los cuidados necesarios, de manera que los mayores, puedan mantener la movilidad y la independencia en la tercera edad.

En el lado opuesto, encontramos la podología pediátrica. Como se puede deducir, en este caso, al podólogo se encarga del cuidado de los pies de los más pequeños. A edades tempranas, los problemas más comunes son los pies planos, problemas asociados al crecimiento e incluso, lesiones deportivas. Los podólogos pediátricos trabajan con la finalidad de asegurar que los más pequeños, tengan un desarrollo saludable y corrijan a tiempo cualquier problema de aparición temprana, evitando que en el futuro, se produzcan complicaciones.

Saber cuándo es necesario un podólogo

Por lo general, acudir al podólogo no es algo que se tenga en mente. No obstante, se recomienda hacer una visita a este profesional, ante la aparición del primer signo de dolor o molestia en los pies. Como sucede en cualquier rama de la medicina, una atención temprana, hace posible que muchas de las afecciones sean más fáciles de detectar y tratar en estados iniciales. Del mismo modo, resulta aconsejable acudir a las necesarias revisiones periódicas, en el caso de sufrir enfermedades crónicas, como las que ya hemos mencionado, o en caso de realizar deporte con regularidad.

En una primera visita, el podólogo realizará un examen completo del pie, incluyendo la piel, las uñas, la estructura ósea y muscular, la circulación y la sensibilidad. Tendrá en cuenta el historial médico y el estilo de vida, puesto que ambos factores, pueden influir en la salud de los pies. En función del resultado, se propondrán los tratamientos necesarios o los cabios que deben hacerse en la rutina personal de cada paciente.

Dentro de los tratamientos más comunes llevados a cabo por los podólogos, citaremos los que son motivo de consulta con mayor frecuencia. Sin lugar a dudas, las callosidades y las durezas, son las consultas más habituales en la consulta del podólogo. Estas condiciones que, a priori, resultan menores, pueden llegar a ocasionar dolor intenso e incomodidad en caso de no ser tratadas de forma adecuada. Los podólogos utilizan las técnicas más vanguardistas y especializadas para remover las durezas, aliviar el dolo y, por supuesto, prevenir su reaparición.

Otra de las visitas más frecuentes es a causa de las unas encarnadas. Esta afección es de las más dolorosas y se produce cuando el borde de la uña, se clava en la piel que la rodea. Los podólogos realizan procedimientos adecuados para corregir esta afección, evitando la infección y reduciendo el dolor que genera. En los casos más severos, puede ser necesario recurrir a una pequeña cirugía, extraer la uña y permitir que se produzca la curación adecuada.

Los hongos en las uñas, conocidos como onicomicosis, son otro de los motivos más recurrentes en la consulta del podólogo. Ofrecen tratamientos tópicos y orales, así como terapias más vanguardistas como la terapia láser, para combatir la infección. Además de ofrecer las recomendaciones más adecuadas para el cuidado de las uñas y prevenir que se produzcan.

Aparte de estas afecciones y sus correspondientes tratamientos, los podólogos, proporcionan una gama de servicios muy amplia. Todas ellos, adaptados a las necesidades particulares de cada paciente. Desde los tratamientos destinados a tratar cualquier afección que comprometa la piel y las uñas de los pies, hasta la corrección de deformidades y la fabricación de ortesis personalizadas o la rehabilitación de pies y tobillos, tras una lesión

No podemos terminar este artículo sin hacer alusión a las conocidas plantillas ortopédicas. Estos dispositivos personalizados, diseñados por los podólogos. Con estas plantillas, se corrigen los problemas de alineación del pie y se mejora la función general del mismo. Las plantillas ortopédicas, son una de las herramientas más comunes de las que se valen los podólogos a la hora de tratar diversas condiciones. Desde los pies planos hasta la fascitis plantar, pueden mejorar notablemente, con el uso de una plantilla adecuada. Estas plantillas, se diseñan con la finalidad de que se adapten específicamente a la forma del pie y proporcionen, el soporte y alivio del dolor necesario.

Aunque los podólogos no son médicos tradicionales, debido a que no cursan la carrera de medicina general, son profesionales con una formación muy especializada en el cuidado de los pies. Estos expertos, cuentan con una formación en podología, ciencia que se encarga de todas las afecciones del pie y el tobillo. Dentro de su formación, se incluye un conocimiento exhaustivo sobre anatomía y fisiología del pie, así como las diferentes patologías que lo afectan. A diferencia de un médico generalista, cuenta con este alto grado de especialización, centrada exclusivamente en esta parte del cuerpo, a menudo, olvidada. Por lo que acudir a este profesional de la salud, es algo que se debe hacer, del mismo modo que cuando se sienten molestias de otra índole, se acude al médico de cabecera.

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