Cómo actuar ante una agresión de violencia de género.

Violencia de género

El 2025 terminó con un saldo de 46 mujeres asesinadas. La violencia machista mata. ¿Cómo actuar ante uno de estos casos?

Como nos recuerda el periódico El Mundo, la violencia machista se da en el seno de la pareja. Lo que la hace más complicada si cabe. De los 46 homicidios que se produjeron en el 2026, el 86% de los asesinatos fueron cometidos por personas que convivían con la víctima. Un 63% eran pareja y un 37% expareja. Solo 10 de los 46 asesinos contaban con denuncias previas de malos tratos.

Un dato que no recoge el periódico es que en un 76,6% de los asesinatos, las víctimas nunca habían denunciado malos tratos con anterioridad. Una cifra, que según los expertos, manifiesta el silencio que rodea la violencia de género. A pesar de que la mayoría de la población estamos cada vez más sensibilizados con el tema, la violencia machista es un calvario que se vive en secreto. La mayoría de los casos no se denuncian.

El asesinato es la culminación de un proceso en degradación. Hasta que se produce el crimen, la víctima ha vivido años de humillaciones, desprecios, agresiones físicas; que se han ido produciendo in crescendo. Es iluso pensar que un día, de la noche a la mañana, la pareja de la mujer, no puede controlarse y le quite la vida. La violencia machista se ha ido cociendo a fuego lento.

Aunque la mujer en las últimas décadas se ha ido empoderando, ha alcanzado independencia económica, gracias al acceso mayoritario al mercado de trabajo; ha salido a la calle a defender sus derechos y es un sujeto político y social activo con voz propia; lo cierto es que la violencia hacia las mujeres es un lastre del que nos hemos podido desprender.

Una situación complicada.

En el 2003, la directora de cine Icíar Bollaín rodó la película “Te doy mis ojos”, protagonizada por Laura Marull y Luis Tosar. Una cinta que según El Periódico de Aragón era un retrato descarnado sobre la relación que se da en el seno de una pareja en la que se producen malos tratos.

Icíar Bollaín no quiso rodar escenas de violencia explícita. Tampoco quiso buscar un protagonista estereotipado. Un hombre violento y cafre que pega a su mujer porque sí. El personaje que interpreta Luis Tosar es un hombre complejo. Alguien que tiene problemas de comunicación con su pareja, y que un día le puede dar muestras de cariño, y al día siguiente despreciarla por completo o tener un ataque de celos. A ojos de los demás, el personaje de Luis Tosar es un hombre común. Alguien que te puedes cruzar por la calle y que nunca pensarías que es un maltratador.

La película retrata la dependencia emocional y el miedo al rechazo social que vive la víctima. Quien, en un momento determinado, abandona su casa, con su hija pequeña y se refugia en casa de su hermana. Es el deseo de poner fin a una historia amarga.

Sin embargo, el personaje de Luis Tosar, que sabe lo que ha hecho su mujer, marcha a buscarla, le pide perdón y le promete que va a cambiar. La persistencia del maltratador hace que la víctima vacile en la decisión que acaba de tomar.

Hay momentos en los que parece que va a regresar a casa con su marido. Es quien le pega, pero también es el hombre del que se enamoró una vez, con el que decidió compartir su vida y el padre de su hija.

Una situación tan compleja que hace difícil abordar el tema llegando hasta la raíz.

El teléfono 016.

Ante un episodio de malos tratos, la víctima puede llamar al teléfono 112, un teléfono general de emergencias, que recogen la llamada y la ponen en conocimiento de la policía y de los servicios sanitarios; si la situación lo requiere, para propiciar una intervención inmediata.

Luego hay un teléfono específico de atención a las víctimas de violencia de género que es el 016 y que como explica la revista Maldita.es ahora también opera como chat de WhatsApp a través del número 600 000 016.

La línea 016 funciona todos los días del año, las 24 horas al día. No solo sirve como canal de denuncia, sino que se utiliza también para prestar ayuda psicológica y asesoramiento a las víctimas en cualquier momento.

El 016 y la línea de WhatsApp no es solo un número para las mujeres. Cualquier persona que presencie un caso de violencia de género puede llamar a este número para denunciarlo. Del mismo modo, cualquier hombre, mujer, anciano o menor, puede llamar a este teléfono para conocer el estado de una denuncia o un recurso sobre violencia de género, informarse sobre ayudas a las víctimas o resolver dudas en materia legal.

El Ministerio de Igualdad señala que de enero a junio del 2025 se recibieron un total de 59.317 consultas en la línea, a una media de 329,3 llamadas o mensajes diarios. Aunque el teléfono continúa siendo el medio más habitual para contactar con este servicio, la línea de WhatsApp está alcanzando una gran popularidad. Ya que permite abrir chats, donde se desarrolla una conversación que puede profundizar sobre las dudas que se tengan o hacer seguimiento sobre un caso.

Si la persona que llama, lo solicita, se puede mantener el anonimato.

Siempre hay que denunciarlo.

Las llamadas al 112 o al 016 pueden activar una denuncia si la policía se ha personado en el lugar de los hechos. Del mismo modo, se puede denunciar en una comisaría de la policía nacional, de la guardia civil o de algunas policías autonómicas con competencias en la materia, como los Mossos d´esquadra en Cataluña o la Ertzaintza en el País Vasco. Si la denuncia prospera; es decir, la policía valora que hay indicios consistentes de malos tratos, la denuncia desemboca en un procedimiento penal.

Del mismo modo, la víctima puede denunciar directamente ante un juzgado de violencia de género, un juzgado de guardia o ante la fiscalía.

Los abogados del despacho Pérez Caballero, un despacho de abogados interdisciplinar con sede en San Sebastián de los Reyes, Alcalá de Henares y el Barrio de Salamanca, dirigido por la abogada criminalista Cristina Pérez Caballero, que ha participado en múltiples juicios de violencia de género, recomienda a las víctimas personarse siempre como acusación particular en los juicios.

Interponer una denuncia a la policía abre un juicio de oficio, de manera automática. Al haberse cometido un delito, el ministerio fiscal va a defender la ley y va a aportar todas las pruebas que haya recabado la policía.

Si la víctima se persona en el juicio como acusación particular, asistida por un abogado, podrá llevar un seguimiento más detallado del proceso, podrá exigir medidas cautelares y de protección antes, mientras y después de que se celebre el juicio y podrá aportar pruebas adicionales que demuestren la situación de maltrato de la que era objeto.

Precisamente, la recapitulación de estas pruebas es un arma poderosa que la víctima tiene a su alcance para defenderse. Estas pruebas pueden ser mensajes de WhatsApp o llamadas, aunque no se hayan producido el día de los hechos, informes médicos y psicológicos, testimonios de testigos y cualquier evidencia que exprese la situación de violencia a la que se veía sometida.

Las medidas de protección.

Cuando una víctima presenta una denuncia, puede solicitar de forma inmediata la adopción de medidas cautelares. Incluso, el propio Juzgado de Guardia puede acordarlas de oficio si considera que existe una situación de riesgo. El objetivo principal de estas medidas es garantizar la protección física y psicológica de la víctima desde el primer momento. Para tomar una decisión adecuada, el juez puede recabar información de distintos organismos, como servicios sociales, centros educativos o servicios especializados, con el fin de conocer mejor el entorno familiar tanto de la víctima como del presunto agresor. Una vez adoptadas o denegadas, estas medidas deben ser notificadas a la víctima, explicando su alcance y duración.

Entre las medidas cautelares más habituales se encuentra la expulsión del agresor del domicilio familiar, así como la prohibición de acercarse a la víctima a una distancia determinada. En algunos casos, este control puede realizarse mediante dispositivos electrónicos, como pulseras con geolocalización. También es frecuente la prohibición de comunicarse por cualquier medio, ya sea por teléfono, correo electrónico o redes sociales. El juez puede impedir que el agresor resida o acuda a determinados lugares.

Cuando existen menores, el juzgado también puede adoptar medidas de carácter civil. Estas pueden incluir la suspensión de la patria potestad o de la guarda y custodia de los hijos, así como la limitación o supresión del régimen de visitas. En todos los casos, el juez debe determinar cómo se organizarán las relaciones familiares, siempre priorizando la seguridad y el bienestar de los menores y de la víctima.

El juzgado puede dictar una orden de protección. Esta medida activa un conjunto de recursos sociales y asistenciales que buscan ofrecer una protección integral a la víctima, facilitando también el acceso a ayudas económicas y otros servicios de apoyo, todo ello sin necesidad de contacto directo con el agresor.

Apoyo especializado.

En gran parte de las ocasiones, la víctima necesita apoyo especializado para afrontar la situación. Un apoyo que va más allá de las medidas cautelares que haya podido dictar el juez. Estas medidas se pueden solicitar y gestionar desde oficinas públicas como los CAVI (Centros de Atención a Víctimas de Violencia de Género); que son de titularidad municipal y donde trabajan profesionales como asistentes sociales y psicólogos.

Desde los CAVI se pueden poner en marcha programas integrales de asistencia a la víctima y a su familia, adaptados a su situación concreta, que va desde la solicitud de ayudas, hasta la participación en grupos de terapia para superar los traumas psicológicos que le hayan podido ocasionar los malos tratos.

El acompañamiento profesional y el apoyo psicológico son medidas clave para que la víctima pueda iniciar una nueva etapa en su vida, y dejar atrás el sufrimiento que ha padecido. Este es un proceso gradual. Ha dado el primer paso denunciando la agresión, pero luego tiene que asimilarlo y superarlo.

Algunas mujeres experimentan fobia social. Tienen miedo a salir a la calle o moverse por determinados lugares que solían frecuentar por temor a encontrarse con el agresor. Otras se quedan atascadas en el pasado. Son incapaces de afrontar un cambio en su vida, puesto que quedan presas de todo lo que han vivido.

En muchos casos, es normal que la mujer necesite ayudas económicas. De repente deja de recibir los ingresos que aportaba su pareja y tienen que hacerse cargo ella sola de los hijos.

Para las mujeres que tienen más riesgo de padecer agresiones existen pisos tutelados, gestionados por los servicios sociales, que además de ofrecer una protección continua, dan apoyo permanente a las víctimas.

Salvaguardar la seguridad.

Una vez denunciado el caso de violencia de género, no significa que haya desaparecido el peligro. Por los medios de comunicación hemos leído la triste noticia de mujeres que han vuelto a ser agredidas por sus maltratadores aún habiendo órdenes de alejamiento y medidas de protección de por medio.

La violencia machista se levanta sobre un sentimiento de posesión y de propiedad del agresor con respecto  a la víctima a la que se le suma el rencor y el resentimiento por haber sido denunciado.

Una de las soluciones más sensatas después de haber padecido violencia de género sería poner tierra de por medio. Trasladarse a otra ciudad y empezar una vida desde cero. Sin embargo, esta opción es complicada para muchas mujeres, ya que están enraizadas en el lugar donde siempre han vivido. Allí puede que tengan a su familia y amigos; sus hijos van al colegio en ese lugar, y no quieren o no se sienten con fuerza de hacer un cambio.

La violencia de género crea una sensación de alerta permanente en la víctima que le lleva a protegerse a ella y a su familia de la reaparición del agresor o de volver a vivir una situación parecida.

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